jueves, 22 de julio de 2010

Los modelos matemáticos y las epidemias de descontento y felicidad



No son situaciones fáciles de detectar quizás debido a que lejos están de asumir las formas conocidas de la gripe A, la malaria o el dengue. Pero a pesar de ello, para los científicos también constituyen epidemias contagiosas: los estados de ánimo, y en particular el descontento prolongado, al igual que la mayoría de las enfermedades infecciosas, parecen tener una dinámica transmisible.

El astrónomo y físico italiano Galileo dijo alguna vez que el libro de la naturaleza estaba escrito en lenguaje matemático. Atento a ello, investigadores de la universidad estadounidense de Harvard, liderados por Alison Hill, emplearon modelos matemáticos para tratar de desentrañar el particular fenómeno de contagio social. En un artículo publicado en los primeros días de julio del corriente año en la revista Proceeedings of the Royal Society B llegaron a la conclusión de que las chances que tiene una persona de pasar con el correr del tiempo desde un estado neutral a sentirse contenta o descontenta depende del número de contactos cercanos, infectados con uno u otro estado de ánimo, que le haya tocado en suerte tener.

Para probar su modelo, los científicos recurrieron a la revisión de un estudio considerado en los últimos años como una de las mayores fuentes de información para la salud pública. Se trata de aquel que desde el año 1948 analiza a los moradores de Framingham, un pueblo situado a pocos kilómetros de Boston, en los Estados Unidos. Fue diseñado inicialmente para evaluar riesgos cardiovasculares, pero tuvo el acierto de incluir además datos vinculados con estados emocionales. Pudo constituir de esa manera la materia prima que aprovechó Hill para arribar a sus conclusiones.

Los investigadores norteamericanos no fueron los primeros que intentaron extrapolar modelos de probada utilidad a la hora de explicar, predecir y tomar decisiones en el marco de epidemias de enfermedades infectocontagiosas. Tópicos tan disímiles como un rumor, una infección por un nuevo virus en computadoras, la diseminación de actitudes de cooperación en el ámbito laboral o las preocupantes ideas suicidas han sido abordadas bajo esa perspectiva por diferentes ramas de la ciencia.

En el año 2008, James Fowler, profesor del departamento de ciencias políticas de la universidad de California, pudo recrear -también al analizar a la población de Framingham- el concepto de que la felicidad es contagiosa. En las conclusiones de su trabajo publicado en la revista British Medical Journal comentó que la felicidad de una persona dependía del grado de felicidad de sus contactos sociales. Las ideas de Fowler y el rigor matemático galileano de Hill aún no pudieron dar cuenta de los mecanismos de transmisión de esta verdadera infección social. Esperan que sea materia de futuros estudios y parecen en este caso hacer honor al poeta Sófocles. En la Antigua Grecia creía que el saber era la parte más considerable de la felicidad.

Imagen: Flickr

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