martes, 13 de julio de 2010

Prohiben la importación de los cigarrillos electrónicos en Argentina



La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica de la República Argentina (ANMAT) acaba de bajarle el pulgar al cigarrillo electrónico. Para las autoridades sanitarias, el dispositivo a batería, que imita el nocivo hábito de fumar y es promocionado por quienes lo comercializan como una alternativa a la hora de buscar dejar el tabaco, no ha podido demostrar aún su eficacia ni su seguridad al ser empleado. Por consiguiente, ANMAT decidió por medio de un comunicado prohibir su importación en el país.

Algunos de esos aparatos tienen la capacidad de liberar nicotina. Almacenada en cartuchos removibles, el compuesto responsable del efecto adictivo del tabaco llega a la circulación sanguínea y de ahí al cerebro en pocos segundos. Para los expertos, un primer problema surge al intentar comparar el empleo del cigarrillo electrónico frente al rendimiento de otros medicamentos tales como chicles y parches a la hora de aplacar los síntomas de abstinencia. Los últimos han demostrado ser efectivos y logran dispensar niveles de nicotina seguros a la hora de intentar dejar de fumar. En cambio, al no haber estudios pertinentes, no se conocen con precisión las magnitudes de las concentraciones liberadas por el novedoso producto tecnológico.

No parece ser una cuestión menor, ya que lamentablemente se puede escribir un tratado de enfermedades vinculadas con la nicotina. Muchas de ellas graves, tales como el cáncer de pulmón y páncreas, la arteriosclerosis o el infarto de miocardio. Además en embarazadas, la sustancia tiene la facilidad de atravesar la barrera placentaria y afectar el crecimiento del feto y su posterior desarrollo cardiaco y cerebral.

Para las autoridades sanitarias argentinas, los dispositivos que supuestamente no contienen nicotina son también potencialmente dañinos. Ningún fabricante ha demostrado su inocuidad mediante ensayos, ni tampoco probó una inviolabilidad de los cartuchos que en definitiva permita garantizar la seguridad. En julio del año 2009, la Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA), confirmó que fue posible detectar entre los componentes una sustancia denominada dietielenglicol. El hallazgo del compuesto químico, utilizado frecuentemente en la industria como anticongelante, dejó helados a los científicos. Está claramente demostrada su propiedad cancerígena en humanos.

En una época en donde los beneficiosos espacios libres de humo logran paulatinamente instaurarse, los patrocinadores del cigarrillo electrónico hablan de las bondades de esquivarlos. Pero a pesar de que en sus publicidades afirman que el humo que emana de sus dispositivos es completamente inocente, la ANMAT se encargó de dejar en claro que no existen datos que sustenten la benevolencia de estos productos en relación a la exposición pasiva de sus emisiones.

Detrás de tanto humo, las que en definitiva brillan por su ausencia son las evidencias científicas. Es por ello, que lejos están los cigarrillos electrónicos de merecer publicitarse como una alternativa optima para dejar de fumar. En el año 2008, la Organización Mundial de la Salud (OMS) intimó a ciertos distribuidores a retirar de sitios webs algunas promociones que daban a entender que el dispositivo era avalado por la entidad.

La decisión de ANMAT se muestra en sintonía con las ya adoptadas por otras autoridades sanitarias del planeta. A las reseñadas FDA y OMS, se agregó en su momento la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil (ANVISA). En agosto del 2009, prohibió la comercialización, importación y propaganda de cualquier dispositivo electrónico para fumar hasta que se realicen estudios científicos y una adecuada evaluación toxicológica.

Imagen: Flickr

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