lunes, 21 de febrero de 2011

Aspirina para la enfermedad de Chagas



La ciudad se despereza con carteles que afirman que en la actualidad la industria invierte más dinero para el desarrollo de nuevos cosméticos que en medicamentos para la enfermedad de Chagas, un endémico problema sanitario que azota a varios países desfavorecidos del mundo. ¿Simple olvido o cuidado maquillaje de una realidad? Quien sabe. Pero no todo parece estar perdido, mientras existan investigadores rebeldes al letargo con nuevas cosas para contar: algunos afirmaron que en ratones de laboratorio la aspirina disminuyó la severidad de las complicaciones cardiacas crónicas de dicha enfermedad.

La enfermedad de Chagas es generada por un parásito denominado Trypanosoma cruzi. Vehiculizado por insectos conocidos popularmente como vinchucas o chinches, hace del corazón y otros órganos del cuerpo humano su campo de batalla final. Durante los primeros días de combate, en lo que se conoce como fase aguda, circula libremente por el torrente sanguíneo sin generar síntomas en la mayoría de los casos. Pero pueden existir también episodios esporádicos de fiebre, dolor de cabeza, agrandamiento de ganglios linfáticos, palidez y dolores musculares que no tardan en remitir. Pasado un tiempo, que incluso pueden ser varios años o décadas, sobreviene en alrededor del 40% de los infectados una fase crónica.

Allí, entre otras complicaciones, la insuficiencia cardiaca -derivada de la presencia de parásitos en el músculo cardíaco y la reacción inflamatoria del organismo que procura hacerles frente- lamentablemente se constituye como moneda corriente e importante causa de mortalidad entre los enfermos. ¿Podrá la aspirina ser útil a la hora de evitar dicho desenlace?

En humanos, es un poco prematuro para responder a ese interrogante. Pero en ratones infectados - empleados como modelos experimentales- algunos científicos, liderados por Shankar Mukherjee, investigador de la Escuela de Médicina Albert Einstein de los Estados Unidos, demostraron efectos beneficiosos. Dosis de aspirina de alrededor de 20 mg/kg – las dosis analgésicas utilizadas en humanos suelen ser mayores- bastaron para lograr un menor deterioro en la contracción cardiaca, siempre en comparación con ratones no tratados con dicho medicamento. En las conclusiones del estudio, publicado recientemente en la revista PLoS one, sugirieron que la modulación del proceso inflamatorio sería el responsable del fenómeno observado.

Cuando un intruso como el T. cruzi ingresa a un organismo se desencadena a modo de defensa la liberación de una cascada de componentes inflamatorios. Por ello, la administración de un fármaco antiinflamatorio durante esa fase, para los expertos parece no ser la mejor elección. En ratones tratados precozmente con aspirina se observó un incremento en la concentración de parásitos en sangre y una mayor mortalidad. No sucedió lo mismo al ser tratados luego de 60 días del comienzo de la infección. Ocurre que en ese momento la inflamación, que aquí tiende a perpetuarse, pasa a tener un rol autolesivo para las células musculares cardiacas. Allí es donde la aspirina puede ser de ayuda.

Hace más de 100 años Carlos Chagas, un médico brasileño, descubría la enfermedad. Luego de un tiempo transcurrido, deficiencias en los métodos de diagnóstico y escasos tratamientos disponibles condenan cada año alrededor de 14.000 enfermos de todo el planeta a una muerte silenciosa. Existen entre 10 a 15 millones de infectados a nivel mundial. La aspirina tampoco es una novedad, pero es económica. A pesar de la magra inversión en investigación y desarrollo destinada al Chagas, permite que a la espera de nuevos avances retumbe en la mente de algunos científicos, y también en los olvidados, aquello de que no todo está perdido.

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