jueves, 7 de julio de 2011

Los murciélagos están atrapados en la noche



No son noctámbulos incorregibles, tampoco planean algo siniestro amparados por el crepúsculo. A los murciélagos no les queda otra: se encuentran encerrados en la noche. Es que al igual que para Drácula, un vampiro y mítico personaje que contribuyó bastante en darles mala fama, la luz del día suele estar para ellos vedada. Como ocurre con el conde, los rayos solares terminan por debilitarlos a tal punto que se les hace más difícil volar.

Los porqués de este fenómeno no surgen de novelas ni fábulas. Estudios científicos previos habían intentado explicar este obligado comportamiento nocturno. Las dificultades para competir con otros animales diurnos, como por ejemplo algunos pájaros -ya sea por espacio o comida-, pero también una conducta evitativa frente a peligrosos predadores, habían sido enunciadas como posibles respuestas. Pero según Christian Voigt, científico del instituto alemán Leibniz para la investigación de la vida salvaje, ninguna en definitiva llegó a ser del todo precisa.

Para Voigt, todo tendría que ver con un mayor y luego insostenible consumo de energía, destinado a permitir los vuelos a la luz del sol. Incluso de noche, cuando un murciélago decide surcar el aire, la velocidad con que utiliza la energía disponible aumenta entre 8 a 15 veces en relación con la que se constata en reposo. Asociado a dicho incremento, se genera también un marcado ascenso en la producción de calor. Este debe ser disipado de algún modo, claro si es que los animales pretenden evitar las peligrosas consecuencias vinculadas a una elevada temperatura corporal. La evaporación gracias a la respiración y en mayor medida la pérdida de calor por medio de la piel, son dos de las estrategias posibles.

Una elevada temperatura ambiental puede complicar a los murciélagos y ponerlos en riesgo por hipertermia. Fundamentalmente debido a que las alas -que representan gran parte de la superficie corporal- son delgadas láminas ineficaces a la hora de liberar el exceso de calor. Por el contrario, tienen una gran capacidad para captar las radiaciones solares presentes durante el día, lo que termina por predisponer a los alados a un mayor sobrecalentamiento. Para sobrevivir, deben entre otras cosas enfriar sus alas y modificar sus patrones y técnicas de vuelo.

Nada de eso le sale gratis. Más energía empleada para volar, menos efectividad a la hora de conseguir alimento, en definitiva pasajes aéreos diurnos más costosos que los disponibles en vuelos nocturnos. Voigt pudo documentarlo, en el último número de la revista Proceedings of the Royal Society B, gracias al estudio de Carollia perspicillata, un ejemplar que se alimenta fundamentalmente de frutas y vive en las regiones tropicales de América.

Forma parte de una de las aproximadamente 1.100 especies de murciélagos existentes. Como la mayoría, añora un calendario de días siempre nublados y años con inviernos un poco más largos. Desde hace tiempo todos se encuentran atrapados en la noche y no dejan de asegurar que nunca idearon nada raro.

Imagen: WoodyH1-Flickr

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