sábado, 17 de septiembre de 2011

Enfermedad de Chagas: las linternas de los afiebrados



Una luz en el túnel de los desesperados, una linterna para alrededor de 12 millones de afiebrados. Eso es lo que entre otros representa K777. Ni más ni menos que un intento de bala mágica contra el Trypanosoma cruzi, un infatigable parásito responsable de la enfermedad de Chagas. James McKerrow, investigador de la universidad de California, es su mentor y viene decidido a lograr algo que en los últimos años parecía casi inalcanzable: un nuevo medicamento para la enfermedad de Chagas.

McKerrow desde hace más de 20 años se dedica a buscar una respuesta para este problema. Detectó en su laboratorio que su compuesto posee una potente actividad contra Trypanosomas presentes en cultivos de células. Específicamente actúa contra cruzaína, una enzima vital para la sobrevida, multiplicación y diseminación del parásito.

Con la ayuda de Stephen Barr, investigador de la universidad norteamericana de Cornell, comenzó en 2005 con ensayos en animales de laboratorio. Arrojaron resultados satisfactorios que motivaron recientemente a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) a darle el visto bueno para la puesta en marcha de fases iniciales de investigación en seres humanos.

En esta carrera con obstáculos McKerrow no recibió ningún apoyo de alguna de las numerosas compañías farmacéuticas existentes. “No conozco otro ejemplo de fármaco, que como está ocurriendo aquí, haya sido descubierto y desarrollado por fuera de la industria farmacéutica”, comentó McKerrow. Para los estudios iniciales en animales contó con el apoyo económico del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos.

Actualmente tiene el aval de la "Iniciativa medicamentos para enfermedades olvidadas", una organización sin fines de lucro, destinada al soporte de actividades de investigación y desarrollo de nuevos tratamientos para algunas enfermedades no tenidas en cuenta. La entidad está involucrada en varias líneas de investigación y espera contar con un nuevo medicamento contra el Chagas para 2014.

McKerrow ruega contar con fondos suficientes para continuar con su trabajo. “Esa es la forma en que esto funciona cuando no se tiene una compañía atrás. Usted no tiene accionistas o capital de riesgo de respaldo. Hay que poner piedra por piedra”, afirmó el investigador. Pero el esfuerzo bien lo vale. K777 podría en el futuro constituir una alternativa a nifurtimox y benznidazol, dos añejos medicamentos de eficacia limitada y toxicidad para nada despreciable.

Hace más de cuarenta años que los prospectos no hablan de un nuevo medicamento antichagásico. Pero por suerte las inquietudes de McKerrow parecen no ser aisladas, sino que están insertas en un cambio de paradigma. No pocos medicamentos diseñados inicialmente para otras enfermedades en la actualidad prueban suerte en la enfermedad de Chagas.

Un fármaco como el posconazol, indicado en el tratamiento para infecciones graves por hongos, es investigado en Brasil y Argentina gracias a un convenio entre un laboratorio farmacéutico y organismos sanitarios. También la milenaria y económica aspirina intenta formar parte del arsenal terapéutico. En definitiva, buscan también ser linternas de los afiebrados.

“Realmente deseo que todo esto sirva como modelo para el desarrollo de esfuerzos similares en distintas partes del mundo”, dijo McKerrow. Cuatro décadas, una noche larga para una vida corta. Con tantas marcas que ya forman parte. Pero no importa si aún se puede ayudar. Millones esperan, no vayan a demorar.

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