viernes, 18 de noviembre de 2011

Afirman que existen niveles elevados de cesio radiactivo en el suelo de Fukushima



Han pasado ya algunos meses de el desastre de Fukushima, pero lejos está la catástrofe de amainar. No es ya la tierra que se mueve, ni el tsunami que todo lo puede. Se trata ahora de un elemento químico, más precisamente el cesio. Luego de emitido, en grandes cantidades desde la central nuclear a la atmósfera terrestre, no ha tenido mejor idea que depositarse en el suelo de una región con importante actividad agrícola. Cesio-137, radiactivo y contaminante, es el que según un grupo de científicos se encuentra alojado en el suelo de Fukushima.

Tetsuzo Yasunari, investigador de la universidad japonesa de Nagoya, integró un grupo de expertos que, por medio de programas de simulación, se encargaron de dibujar un mapa de la distribución de cesio-137 en el territorio japonés. La prefectura de Fukushima, ubicada al este de Japón y a 250 kilómetros de Tokio, y en menor medida sus vecinas Miyagi y Tochigi pasaron a constituir puntos calientes en el mapa desde aquel fatídico 11 de marzo del 2011. El viento se ha encargado de llevar gran cantidad de material radiactivo al mar, mientras que las altas montañas del país nipón han sabido resguardar un poco más a las regiones occidentales de la isla.

Según un artículo, publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el cesio-137 esta allí, pero lo peor es que según parece está dispuesto a quedarse por un largo tiempo. Dejado a su libre albedrío marchará hacia la desintegración de su núcleo atómico y la pérdida de su capacidad radiactiva, claro en un periodo no menor a unas cuantas décadas. Para los investigadores, se impone de manera urgente la necesidad de remoción del suelo de las áreas contaminadas. En aquellos lugares afectados, en donde no sea esto posible, abogan directamente por la limitación de su uso productivo.

Existen numerosas evidencias científicas que afirmaron que el cesio radiactivo, vehiculizado principalmente por medio de alimentos o agua contaminada, presenta potenciales efectos indeseables en la salud humana. El nuevo mapa se encargó de revelar que en varias regiones las concentraciones del elemento en el suelo han superado o en algunos sitios llegado al límite de lo tolerable por las autoridades estatales japonesas. Yasunari confía en que su trabajo servirá como guía. Fundamentalmente a la hora de focalizar en un territorio aquellas medidas que deberán ser tomadas de aquí a futuro sobre el golpeado suelo oriental.

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