martes, 13 de marzo de 2012

Fukushima rima con Hiroshima


Fukushima, en la vida tu historia sigue
Pasó ya un año de aquel mediático marzo
Tenaz, la radiación no olvida y te persigue
De tanto en tanto algún diario te da un abrazo.


Pasó ya un año del desastre de Fukushima y la radiación sigue con su tarea fina. Está claro que a las portadas de los periódicos les gustan los aniversarios. También autos que flotan, olas que bailan y centrales nucleares convertidas en chimeneas. La radiación para los titulares de los medios es invisible, pero esta ahí. Fukushima lamentablemente en muchos aspectos rima con Hiroshima. Allí no hubo tsunamis, ni terremotos dantescos. Solo un hongo gigante que se perdió en el tiempo. Japón, radiación y después, en un artículo escrito hace un tiempo acerca de Hiroshima.


Bitacora Suite.101: Artículos de otro espacio y tiempo para un mundo curvo y circular.

El periódico reflejó que existe una grieta en el reactor número 2 de la central nuclear japonesa de Fukushima. Alrededor de 20 centímetros por donde fluyen hacia el mar algo más que varios litros de agua radiactiva. Una especie de arcón roto de los tristes recuerdos, en donde sobresalen la catástrofe de Chernóbil y los pájaros con cerebros pequeños, la “primavera otoño” de 1979 en la localidad estadounidense de Three Mile Island, también Nagasaki e Hiroshima.

En Japón, hace 65 años un hongo en el cielo fue el punto de partida. Explosión, olvido mediático y una solapada radiación que la salud contamina. ¿Qué pasará ahora con la golpeada Fukushima?

Radiación nuclear y efectos en la salud

La bomba atómica norteamericana “Little boy” cargada con uranio-235 por unos cuantos metros no dio exactamente en el blanco. Dicen que la desvió el viento y que no fue un error de cálculo. En Hiroshima igual causó destrucción masiva: postales deshabitadas, aproximadamente 90.000 a 120.000 muertes inmediatas, la sensación de que debido a la magnitud de la radiación liberada el futuro ya no sería lo que era.

Una revisión de los numerosos estudios de investigación médica que luego se sucedieron fue publicada recientemente en la revista científica Disaster Medicine and Public Health Preparedness. Allí Evan Douple, científico de la Fundación para la Investigación de la Radiación, en Hiroshima, confirmó lo que los nipones hace décadas ya presentían. El futuro ya no es el mismo de antes para gran parte de los hoy adultos que se gestaron en medio de la explosión, tampoco para los oftalmólogos, las salas de espera de oncología y los tratados de cardiología.

Radioactividad y embarazo

El útero es un órgano genital femenino muy noble. Durante el embarazo aumenta de tamaño, engrosa sus paredes, contribuye a formar una estructura vital llamada placenta, todo con el afán de brindar protección a una nueva vida por nacer. Pero no es mucho lo que pudo hacer frente al equivalente de 16.000 toneladas de trinitrotolueno (TNT) en caída libre, tampoco tuvo nada con que lidiar ante la presencia de niveles elevados de radiación en el medio ambiente.

Lamentablemente entre las semanas 8 y 15 de gestación no consiguió evitar, entre otras cosas, que esa dosis de radiación absorbida de un Gray (Gy.) lograra disminuir el tamaño de cerebros en estudios de resonancia magnética, además de restar puntos en coeficientes intelectuales y generar en algunos un retraso mental severo.


El cristalino, dosímetro biológico


El horizonte tampoco ya fue el que divisaban los oftalmólogos de Hiroshima. A partir de 1948 una verdadera epidemia de cataratas oculares surgió para ajetrear agendas y opacar un poco más los días. No existe todavía un consenso acerca del umbral de dosis necesario para generar lesión en las células epiteliales del cristalino del ojo. Para algunos científicos se trataría de 1 Gy., mientras que para otros dosis aún menores.

Lo que sí se conoce desde la época de Wilhelm Roentgen, físico premio Nobel en 1901 por sus estudios acerca de los rayos X, es que el cristalino constituye un dosímetro biológico capaz de medir en forma temprana la respuesta a la radiación. No en vano, en Hiroshima fue el primer encargado de encender la alarma. Algo andaba mal.

Cáncer y material radiactivo

Las complicaciones tardías vinculadas a la radiación, luego de transcurridos unos años, fueron determinadas por varios estudios epidemiológicos. La mayoría concluyeron que los habitantes de Hiroshima sufrieron un mayor riesgo de padecer enfermedades oncológicas.

Se registró un incremento en el número de fallecimientos asociados a enfermedades malignas hematológicas, como por ejemplo leucemias. También por cánceres de órganos sólidos tales como esófago, estómago, hígado, colon y ovario, entre otros. Particularmente susceptibles fueron las mujeres y aquellos que tenían menos de diez años al momento del bombardeo.

El futuro de Fukushima

Por último hubo que adaptar los tratados de cardiología para Hiroshima. Sus capítulos habitualmente acusaban al tabaco, obesidad y sedentarismo como principales causas de enfermedad cardiaca. Pero nada decían los textos acerca de los factores de riesgo cardiacos, asociados a la radiobiología.

En Hiroshima se registró un exceso de muertes vinculadas a enfermedades del corazón. El estar expuesto en forma sostenida a las partículas radiactivas generó como respuesta la presencia de una inflamación crónica. En la sangre de los hibakusha –literalmente, personas bombardeadas en japonés- circulaban altos niveles de moléculas inflamatorias tales como proteína C reactiva e interleuquina-6. Ambas fueron relacionadas con la génesis de ateroesclerosis en las arterias coronarias.

Por una grieta transcurre un sinfín de tristes letanías. El fuego de Hiroshima, el núcleo del reactor derretido en Three Mile Island, los liquidadores que buscaron paliar el desastre de Chernóbil, el tsunami oriental. Quizás sea un poco pronto. Pero lo peor de todo, es que el periódico de hoy en ninguna parte contestó qué pasará con Fukushima.

Imagen: yourdoku

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