martes, 22 de mayo de 2012

Clorpirifós: un plaguicida que afecta el desarrollo del cerebro en niños



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El plaguicida clorpirifós, uno de los más empleados en ambientes urbanos y rurales en todo el mundo, ha sido responsabilizado por trastornos en el desarrollo cerebral y menores rendimientos intelectuales de niños expuestos a esa sustancia durante el embarazo. Todo en concentraciones que actualmente son consideradas como seguras.

Virginia Rauh, científica de la norteamericana universidad de Columbia, lideró un grupo de científicos que estudiaron 40 infantes con edades comprendidas entre los 5 y 11 años. Todos residían en Nueva York. Gracias al análisis de muestras de sangre de cordón umbilical -realizadas oportunamente como pesquisa de exposición a diferentes sustancias tóxicas- contaban con información acerca del grado de exposición prenatal a clorpirifós. Rauh les solicitó además un estudio denominado resonancia magnética nuclear cerebral y un test de coeficiente intelectual.

Los resultados, publicados recientemente en la revista científica Proceedings of  the  National Academy of Sciences, demostraron cambios en la anatomía de la corteza cerebral. Lóbulos temporales y frontales un tanto más agrandados, producto de alteraciones en la sustancia blanca subyacente de aquellos más expuestos.

Los lóbulos mencionados tienen a su cargo funciones neurológicas y cognitivas importantes. Por solo citar algunas: la atención y el desarrollo del lenguaje recaen en los lóbulos temporales, otras como la memoria de trabajo, la capacidad de planificación y la inhibición de ciertas conductas tienen asiento en los lóbulos frontales. No resulta entonces extraño el menor rendimiento cognitivo de los niños expuestos a clorpirifós, objetivado aquí por medio de un test de coeficiente intelectual administrado.

Clorpirifós fue puesto en el mercado en 1965, pero debido a reportes de toxicidad fue prohibido su empleo a partir de 2001 en áreas urbanas de los Estados Unidos. Por su bajo costo es aún ampliamente utilizado en áreas rurales y no rurales de países en vía de desarrollo. En el hogar ha sido utilizado para controlar cucarachas, pulgas y termitas. Mientras que en los ambientes rurales el control de garrapatas del ganado y las plagas de cosechas dan cuenta de su empleo.  

Los niveles de clorpirifós, detectados en las muestras de sangre de cordón umbilical, fueron mucho menores a los considerados actualmente como peligrosos para las personas. “Los límites que se tienen en cuenta como seguros parecen ser insuficientes para proteger el desarrollo cerebral de los niños expuestos”, concluyó Rauh.

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