lunes, 7 de julio de 2014

Nanotecnología para lesiones en el campo de batalla




En los tiempos que corren, en donde la paz perpetua se obnubila con temporales armisticios, algunas iniciativas que buscan mitigar los efectos devastadores de los conflictos armados son bienvenidas. Aunque en este caso cuenten con la subvención del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Con la  ayuda económica de ese organismo un grupo de investigadores del campo de la nanotecnología, liderados por Erín Lavik -científica de de la universidad norteamericana Case Western Reserve-, intentan evitar que se derrame tanta sangre en medio de un bombardeo.  Según algunas estadísticas el 79% de las lesiones de soldados en combate se deben a explosiones. La sola exposición a la onda de sobrepresión generada por un explosivo es suficiente muchas veces para desencadenar daños en varios órganos internos y sangrado activo.  Además frecuentemente los soldados pueden sufrir injurias vinculadas al impacto de objetos que salen despedidos o por ser directamente ellos los arrojados contra estructuras vecinas. La principal causa de muerte en población civil expuesta, y con edades entre los 5 y 44 años, son las hemorragias no controladas.

Lavik en su laboratorio expuso ratones a ondas de sobrepresión. Pudo constatar la presencia de lesiones fundamentalmente en los pulmones, pero también en hígado y riñones. Luego de una hora de cesado el estímulo el 60% de los animales se encontraban vivos. A otro grupo de ratones aplicó el mismo nivel de presión, alrededor de 20 psi durante 8 milisegundos, para inmediatamente tratarlos con una suspensión de partículas nanotecnológicas diseñadas para detener el flujo de sangre. En este caso el 95% de los animales sobrevivió transcurrida la hora. Divulgó los resultados de su estudio en un artículo publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

La suspensión hemostática en desarrollo es otra de las tantas posibles aplicaciones de la nanotecnología. Una rama de la ciencia encargada del diseño, manipulación y aplicación de materiales de minúscula escala. Un nanómetro equivale a la mil millonésima parte de un metro. Las partículas procoagulantes sintetizadas tienen un diámetro que ronda los 500 nanómetros. Son esféricas, con propiedades especiales vinculadas a su diminuto tamaño. Una vez administradas migran hasta los sitios de sangrado activo. Lavik las encontró en mayor medida en pulmones. Constituyen verdaderas plaquetas sintéticas que remedan a las células sanguíneas naturales y desencadenan la formación de coágulos o trombos.

El manejo de las hemorragias en el campo de batalla supone un desafió para emergentólogos  y rescatistas. Aquí es vital el tratamiento  temprano del herido. Cada minuto vale oro, pero las opciones prehospitalarias aplicables en el mismo campo de batalla no abundan. En la actualidad se limitan a la administración de fluidos destinados a mantener la presión arterial y evitar el colapso circulatorio de varios órganos,  secundario a la pérdida interna de sangre. Otras opciones como las transfusiones de sangre total o plaquetas generalmente quedan vedadas hasta la llegada al ámbito hospitalario.

Mientras los científicos luchan por desarrollar una terapia precoz, segura y eficaz, caen bombas en Gaza, Irak o Ucrania.  Paradójicamente el desarrollo de armamento bélico muchas veces se nutre también de la nanotecnología. "El estado de paz entre hombres no es un estado de naturaleza, es más bien un estado de guerra en el que si bien  a veces las hostilidades no se han declarado existe una constante amenaza de que lo hagan”, detonó el filósofo alemán Immanuel Kant. “El estado de paz debe ser instaurado”, recomendó  luego. Lo hizo con la confianza que se tiene un médico que prescribe el mejor de los medicamentos. 

Imagen: Atin/Flickr

2 comentarios:

  1. interesante aplicación e interesante punto de vista . gracias¡

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  2. De nada Anónimo! Gracias por leer el texto, y tomarte el tiempo de comentar. Saludos

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