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jueves, 7 de marzo de 2013

Carbonero, en invierno las calorías mandan




“Hay que pasar el invierno”, exclamaron algunos pájaros mientras veían como un artrópodo, su otrora importante fuente de alimento, se escondía entre la espesura de un bosque de la Europa Central. La nieve y los días más cortos generan un mayor trabajo a la hora de rastrear una presa y por si fuera poco el frío tampoco perdona. Desencadena un incremento en el gasto de energía necesario para subsistir. Todo esto se traduce en un disbalance entre el ingreso y el egreso de calorías, que afortunadamente algunas aves optan por enfrentar por medio de la búsqueda e ingesta de nutrientes más energéticos y con un alto contenido graso.

Según un grupo de científicos de la universidad alemana de Ulm, comandados por Swenn Renner, durante el crudo invierno un carbonero común -claro si esta en condiciones de elegir su menu- prefiere  ingerir alimentos con alto contenido de grasas. Gracias al empleo de recipientes con diferentes nutrientes, que hacían las veces de estaciones de alimentación colocadas estratégicamente, pudieron observar como los carboneros optaban por consumir semillas de girasol dejadas por los investigadores. Según quedó relatado en un artículo publicado recientemente en la revista PLoS one las ingerían más asiduamente que a otros alimentos ricos en hidratos de carbono, tales como la cebada o  la avena. Incluso con mayor voracidad que a unas vistosas frutas de bajo contenido energético denominadas rowanberries.

“Las semillas de girasol no serán unos apetitosos artrópodos pero también tienen lo suyo“, piensan los friolentos carboneros. Estamos en invierno dicen, y aquí las calorías son las que mandan.

Imagen: Efemedos-Flickr

lunes, 25 de enero de 2010

Mozart hubiese sido un buen neonatólogo


Quizás nadie esté en desacuerdo con que Wolfang Amadeus Mozart, el gran compositor austriaco nacido en 1756 en Salzburgo, poseía un talento extraordinario para la música, pero si aún se anima a poner en duda dicha afirmación por favor sólo escuche entre otras tantas obras su Sinfonía Número 40. Ahora bien, existe algo que ni al mismo Wolfang se le debe haber pasado nunca por la cabeza: su labor habría sido bienvenida en las salas de cuidados de recién nacidos.

Al menos eso es lo que dicen, en un artículo publicado en el último número de la revista médica Pediatrics, un grupo de científicos israelíes liderados por Ronit Lubetzky del Centro Médico Tel Aviv Sourasky. Escuchar a Mozart, les permite a los neonatos prematuros alojados en incubadoras disminuir su gasto diario de energía al desacelerar su metabolismo en aproximadamente un 13%.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores compararon, en un total de 20 niños, el gasto de calorías en los que escucharon por un lapso de 30 minutos y durante dos días consecutivos los acordes con los resultados obtenidos a partir de aquellos que no lo hicieron.

Algunos estudios publicados en el 2002 ya daban cuenta de que la música entre otras cosas disminuía en los prematuros la frecuencia cardiaca y la liberación de hormonas por parte de las glándulas suprarrenales. Además, mejoraba la concentración de oxígeno en la sangre de los recién nacidos. Todo esto se traduce en un mejor funcionamiento metabólico y según especulan los científicos en un notorio aumento de peso y una menor estadía en los hospitales. Lo comentan, aunque hasta Mozart se sorprenda.

Imagen: Flickr